La finca del Faro de Ajo consta de unas 17 hectáreas de terreno salvaje delimitado por los acantilados marinos que son, en sí mismos, verdaderas esculturas naturales.
Debido a la naturaleza kárstica del suelo, es un terreno muy rico en formaciones geológicas, como hoyas, fracturas y canales naturales. Está cubierto de hierba de pasto y vegetación litoral autóctona y es hábitat de numerosas especies.

La filosofía del parque es conservar todo esto y complementarlo con un conjunto escultórico que proporcionará una experiencia sensible única, profunda, una combinación de naturaleza y arte inolvidable.
Pendiente aún de definir si se hará en la zona colindante con el límite urbano de Ajo, o en el edificio contiguo al faro que ya existe, se ubicará un centro de recepción de visitantes con aulas, tienda, restaurante, etc. y una zona para exposiciones temporales que pretende convertirse en una referencia del land-art a nivel internacional.